Gerontología

Contenciones | El rol del Fisioterapeuta con las Personas Mayores.

contenciones

Fisioterapia |  Instituciones – centros residenciales

Contenciones en geriatría. Clasificación. Uso ético. Papel del fisioterapeuta

Resumen

El uso de las contenciones mecánicas en el adulto mayor institucionalizado es una práctica más habitual de la que nos gustaría. La sobreprotección, el paternalismo y el uso por conveniencia, entendiendo este último supuesto como una medida profesional u organizativa de ahorro de trabajo, esfuerzos o recursos, suelen ser los causantes de la mayoría de contenciones “cuestionables”, “injustificadas”, “innecesarias” o “abusivas”.  Hay que tener presente que el uso de una contención supone un riesgo de deterioro físico, psíquico y social del individuo al que se le aplica que puede ser mayor que el beneficio por el que se ha indicado su utilización. Para evitar caer en esta contradicción, debemos plantearnos siempre que la contención en un adulto mayor debe ser la última opción, después de estudiar de manera individualizada los factores de riesgo, su estado de salud en ese momento y agotar todas las medidas alternativas válidas y seguras.

Desde la década de los 90, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha trabajado para promover la salud y el envejecimiento activo con la finalidad de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. Para conseguirlo se ha fundamentado en el reconocimiento de los Derechos Humanos de las personas mayores y en los Principios de las Naciones Unidas como la dignidad, la independencia y la autonomía.

La misma OMS define las contenciones mecánicas como un “método extraordinario,…, que según todas las declaraciones sobre los derechos humanos,…, sólo resultará tolerable ante aquellas situaciones de emergencia que comporten una amenaza urgente o inmediata para la vida y/o integridad física del propio paciente o de terceros, y que no puedan conjurarse por otros medios terapéuticos”.

Ante estas disposiciones de la OMS, la colocación de una contención en un adulto mayor supone un conflicto ético, y por ello, cuando se planifique su colocación deben prevalecer los derechos del individuo por encima de la necesidad de llevarla. El propio magistrado y exdirector del Observatorio de Ética Aplicada a la Intervención Social (OEAIS), Fco. Javier Pereda Gámez, refiere que “la autonomía se contrapone al principio de beneficencia, ya que hacer el bien no se puede imponer y hay que respetar la libertad de la persona beneficiaria”.

Según el anexo informativo del Consentimiento informado de la Contención Mecánica del Colegio de Fisioterapeutas de Cataluña, “en la aplicación de cualquier contención física o mecánica se han de respetar los siguientes principios éticos: autonomía, se debe informar al usuario, familia o tutor, de su aplicación; justicia, no puede ser nunca un elemento de discriminación; beneficiencia, es necesario velar per el bienestar de la persona y evitar riesgos; intimidad, proteger la intimidad de la persona durante su aplicación; vulnerabilidad, quien lleva una contención es más vulnerable y presenta un elevado nivel de dependencia, por lo que requerirá una atención integral específica”.

Introducción/Marco

La primera vez que hice frente, como fisioterapeuta, al reto de disminuir las contenciones en el centro residencial donde yo trabajaba, partíamos de un concepto muy paternalista de cómo “proteger” al residente del riesgo de caídas. Nuestro objetivo era, sin ser conscientes, contrario a su bienestar y autonomía, ya que las contenciones eran nuestra primera y única opción.

Para hacer frente a este cambio, iniciamos un viaje, afortunadamente sin retorno, con destino al modelo asistencial de atención centrado en la persona (ACP), dejando atrás la estación del modelo de servicios, donde el usuario pasa de ser un mero espectador de la película “Los últimos años de mi vida” a ser el protagonista principal de “Yo de mayor quiero ser así”.

El trayecto ha sido largo y no carente de dificultades. No ha sido fácil cambiar el enfoque asistencial de los profesionales por conceptos como: fomento de la autonomía personal, atención asistencial personalizada, empatía, escucha activa, respeto a los derechos y la dignidad de las personas, calidad de vida,  trabajo sobre capacidades y habilidades., entre otros. Hasta el momento la asistencia dada se basaba en dar servicios protocolizados y registrados siguiendo criterios técnicos para tratar las patologías o los déficits que sufrían los usuarios, algo totalmente opuesto al nuevo modelo.

Así pues y tras recurrir a la bibliografía especializada y a diferentes documentos oficiales sobre recomendaciones éticas y el uso racional de las contenciones, me empapé de lo necesario para iniciar mi propia cruzada contra las contenciones en el adulto mayor. Espero que mi experiencia personal sirva para adherir nuevos cruzados a mi “lucha” (fisioterapeutas u otros miembros del equipo interdisciplinar) blandiendo únicamente como arma el deseo de progresar profesionalmente y el de mejorar la calidad de vida de los residentes del centro donde yo trabajo.

¿Qué diferencia existe entre los términos sujeción, contención y restricción?

Contención es todo aquello que limita, retiene o impide que una persona o cosa salga o traspase un límite ya sea físico, psíquico o emocional y, por lo tanto, sugiere una connotación beneficiosa a diferencia del término sujeción que contiene una connotación más física con matices relacionados con la dominación y el poder. En Gerontología, el término sujeción se utiliza como sinónimo de “restricción”, aunque hay profesionales de la gerontología muy críticos en la utilización de este término ya que creen que enmascaran el concepto de “atar”. (1)

Esta diferencia conceptual, que a primera vista no parece importante, lo es y mucho si tenemos en cuenta que nuestro objetivo, cuando se plantea su uso, es evitarla, buscando todas las alternativas a nuestro alcance y si, en último término, es necesaria su utilización deberá ser de manera que se vulnere mínimamente la autonomía, la dignidad, la independencia y la calidad de vida del usuario. Por este motivo, en la batalla dialéctica contención versus sujeción, la primera gana sobre la segunda, por poseer una connotación menos restrictiva.

Por otro lado, se debe diferenciar el término contención del de restricción, ya que el primero se refiere a “cualquier método manual o físico, instrumento mecánico, material o equipamiento adjunto al cuerpo del paciente, que impide su movilidad y/o el acceso a parte de su cuerpo” y el segundo a “cualquier acción (médica, química, física, psicológica, social o de cualquier otro tipo), palabra u obra que se utiliza con el propósito o la intención de limitar o constreñir la libre circulación o capacidad de toma de decisiones de uno/a mismo/a o de una tercera persona”. (2)

Según estas definiciones, los dos términos aunque puedan parecer sinónimos no lo son, puesto que la contención es un concepto instrumental y la restricción, un concepto que implica una acción.

Clasificación de las contenciones

Si buscamos en la literatura (tanto en bibliografía como en la web) existen diferentes clasificaciones de las contenciones y del consenso de todas las opciones consultadas podemos decir que:

Las contenciones se pueden clasificar en tres tipos:

La contención química o farmacológica, que es el uso de fármacos, fundamentalmente aquellos que actúan a nivel del Sistema Nervioso Central, que reducen la movilidad de la persona de manera que quedan inhibidas sus actividades, con el objetivo de controlar una conducta inadecuada o molesta (por ejemplo, vagabundeo, agresividad verbal, etc.) que no tiene base en un desorden psiquiátrico diagnosticado. En conclusión, es el uso de fàrmacos (psicotrópicos o no) para tratar un problema por el cual no existe un tratamiento mejor. (2)

La contención física, que hace referencia a un espacio, por ejemplo una habitación o una unidad residencial.

La contención mecánica, que es la “utilización de un dispositivo físico o mecánico para restringir los movimientos de una parte del cuerpo, o de su totalidad con la finalidad de prevenir aquellas actividades físicas que puedan poder en situación de riesgo o en peligro de lesión a la persona enferma o a otras personas de su entorno”. (3)

Existen otras dos maneras de clasificar las contenciones según los criterios de:  “aceptación de la persona a la que se le aplica” o del “carácter temporal con el que se aplique”.

Bajo el primer criterio se podrán diferenciar las contenciones voluntarias, si el usuario acepta y comprende la contención aplicada de las involuntarias, cuando el usuario no acepta o no comprende el motivo de la contención a aplicar (necesitan un consentimiento por familiares o allegados o la revisión por parte de un juez, si son totales).

Según el segundo criterio, se clasifican en agudas, episódicas o esporádicas cuando se utilicen de forma excepcional y puntual en determinados momentos, horas, y días (en general menos de 2-3 días), en los que la persona sufre un episodio agudo de excitación y agitación, entrando en una situación de riesgo y no es posible calmarle de otra forma y en crónicas o permanentes si su utilización es superior a 2-3 días o una semana, y que en muchos casos, en los que en la práctica diaria, lamentablemente se pautan, no se revisan, o si se revisan se limitan a ser corroboradas de forma indefinida. (4)

Habitualmente, cuando se habla de contenciones mecánicas nos referimos a: cinturones de contención abdominal o pélvica, las armillas de contención integral, las muñequeras y los cinturones abdominales de cama. También se incluyen las barandas de cama y las mesas incorporadas a las sillas, pero de una manera menos directa, ya que hay quien las considera sólo un tipo de restricción que se agrega al mobiliario, y únicamente se utilizan como contención si existe intencionalidad de levantarse de la cama o de la silla. (5)

Las CCMM desde la perspectiva de la Atención centrada en la persona (ACP)

Cuando las directrices de un centro residencial se basan en trabajar para que sus usuarios sean atendidos bajo la filosofía de la Atención Centrada en la Persona (ACP) y no como un centro de servicios, la disminución y/o retirada de las CCMM se convierte en una oportunidad más para alcanzar el nuevo paradigma basado en la atención individualizada y en la promoción de la autonomía. Para ello es importante que el objetivo de “Contenciones Zero” sea uno de los baluartes a mostrar a potenciales usuarios y sus familias, para que se decanten por nuestra residencia en detrimento de otros posibles centros.

El modelo de atención sanitaria y residencial centrado en la persona (ACP) en geriatría va dirigido a atender las necesidades derivadas de la dependencia, por medio del respeto al individuo, la promoción de la calidad de vida y el respeto a los deseos de las personas por encima de las decisiones profesionales interdisciplinarias basadas en tratar déficits y necesidades sin contar con el individuo. Este modelo es una propuesta basada en una atención integral y personalizada, una forma de atender la relación asistencial donde la persona es protagonista activa y donde el entorno y la organización se transforman en un apoyo para desarrollar sus proyectos de vida y asegurar el bienestar de las personas. (6)

La calidad de vida de una persona mayor aumenta cuando se trabaja para alargar al máximo su autonomía física y emocional. El uso de una CM pone en peligro este objetivo y es por ello que debemos trabajar para evitar su uso (excepto cuando no exista otra alternativa para salvaguardar su seguridad y/o la de su entorno).

Cuando la primera solución para disminuir el riesgo de caídas son las CCMM, debemos hacernos varias preguntas: A quien incomoda más una caída, al residente, al familiar o al propio centro? Cuando colocamos una contención de quien buscamos la tranquilidad, del usuario, de la familia o del personal de la residencia? Hemos analizado cuáles son las causas de la caída de manera objetiva? Se han estudiado y llevado a la práctica todas las alternativas posibles que disminuyan el riesgo de caída antes de colocar la CM a ese usuario?. Es entonces cuando se abre ante el Equipo Interdisciplinar un abanico de posibilidades a trabajar para dar respuesta, de manera individualizada y según las necesidades propias de ese usuario, al reto de la CM.

Recursos Institucionales necesarios para evitar las CCMM

Para evitar o restringir el uso de las CCMM en el ámbito institucional es necesario disponer de los recursos necesarios. Existen cuatro pilares básicos a tener en cuenta: promoción de actividades preventivas, cuidadoras y medidas de seguridad para evitar caídas; utilización de técnicas de modificación de la conducta y de contención verbal en personas inquietas, agitadas o agresivas; formación y sensibilización de los profesionales; por último, trabajo en equipo.

Las principales medidas preventivas, cuidadoras y de seguridad son: trato humano, respetuoso y agradable, basado en los derechos fundamentales; fomento de la independencia y toma de decisiones; escucha activa y acompañamiento humano; control de los psicofármacos y la polifarmacia; rondas frecuentes al WC acompañados por el personal y control de la incontinencia nocturna y diurna; adaptación del entorno arquitectónico y mobiliario; salas de contenciones espaciales y de aislamiento controlado con puertas con códigos de seguridad que proporcionen un entorno seguro donde deambular; proporcionar un entorno seguro con señalizaciones claras de los lugares más frecuentes (WC, comedor, habitación…), luces de baja intensidad que no deslumbren, camas de altura baja y llamadores al alcance, entre otros.

El personal debe poseer habilidades sociales que sean capaces de modificar la conducta en las personas inquietas agitadas o agresivas. Para ello es necesario que conozca los trastornos de conducta que surgen en las demencias, como vagabundeo o escapismo, intentando siempre fomentar la deambulación en un entorno seguro. El trato hacia el adulto mayor deberá ser empático, delicado y humanizado, flexibilizando las normas según cada caso individual. En muchos casos la sola presencia del personal es terapèutica para el adulto mayor confuso o inquieto.

Para que los profesionales de los centros residenciales trabajen con el objetivo de “contenciones cero” es necesario que sepan que “una contención no previene una caída” ya que no hay evidencia científica que justifique su uso. En cambio, sí existe literatura que evidencia que “para prevenir una caída se debe actuar sobre los factores de riesgo que la han ocasionado”. Para adquirir estos conocimientos es necesaria la formación específica de dichos profesionales en: el uso y sensibilización de las CCMM y en los trastornos de la conducta en el adulto mayor con demencia y su manejo.

Por último, es muy importante el trabajo en equipo y de calidad. Para conseguirlo sus miembros deben dejarse asesorar por organismos e instituciones de referencia en estándares de calidad y formarse en ética asistencial y en cómo mejorar el trabajo en equipo y evaluar su propio trabajo mediante indicadores de calidad. (7)

Errores más comunes que justifican el uso de una CM:

Muchas de las afirmaciones que justifican el uso de una contención son falsas. Las más conocidas y los argumentos para rebatirlas se detallan a continuación (8) (9):

“El uso de CCMM es necesario porque evitan caídas”: Diversos estudios muestran que el uso rutinario de CCMM aumenta el riesgo de caídas, y sobre todo aumenta el riesgo de que los daños por la caída sean más graves.

“Quitar una CM no es seguro para un adulto mayor que ya la lleva”: Si se siguen todos los pasos necesarios y se buscan las alternativas más convenientes para ese residente, la retirada de la CM es segura.

“Se puede sustituir una CM por una contención química”: Los fármacos psicotrópicos están claramente relacionados con alto riesgo de caídas graves. Además, los residentes sometidos a CCMM presentan dos veces más agitación que los que no y ésto aumenta el riesgo de que se utilicen fármacos psicotrópicos tranquilizantes para restringir esa conducta.

“Es necesario más personal para trabajar sin CCMM”: Trabajar con o sin CCMM, son dos paradigmas de cuidado diferentes pero con semejantes cargas de trabajo, aunque el trabajo realizado sea distinto. Los centros que se han convertido en libres de contenciones en España, y antes las usaban, lo han hecho sin ningún aumento de sus plantillas.

“Las familias dificultan la retirada de las CCMM”: Una familia bien informada suele elegir que se prescinda de las contenciones. Si el centro ofrece una seguridad razonable sin su uso, se consigue un mayor grado de bienestar, y una mayor autonomía física, mental y psicosocial para las personas que en él viven.

La importancia de la comunicación entre el personal auxiliar y las familias. Intervención del equipo interdisciplinar, para evitar el uso de las CCMM

La actitud de la familia es clave para evitar el abuso de las CCM en el adulto mayor. Cuando existe una demanda de contención posterior a una caída o ante alguna otra situación de riesgo sufrida por su familiar institucionalizado, la causa es el temor a que se haga daño y un cierto grado de desconfianza en el equipo o personal del centro residencial. La familia antepone su propia tranquilidad a lo que es más beneficioso para el residente, sin tener en cuenta los efectos adversos que conlleva el uso de la CM.

En este momento, es muy importante la intervención del personal de atención directa, el/la auxiliar de geriatría, que debe tranquilizar a la familia dando respuesta a todas las cuestiones que se le puedan plantear referentes a lo sucedido: cómo y porqué se ha producido la caída, cuales son las alternativas para evitar los riesgos, derivación a los técnicos sanitarios (enfermeras, fisioterapuetas, terapeutas ocupacionales, etc.) para planificar acciones preventivas y las actuaciones necesarias para disminuir el riesgo de volver a caer. Por su parte, el equipo interdisciplinar, encabezado por el equipo líder responsable de las contenciones, debe informar a las familias de los efectos adversos de su uso y elaborar un plan alternativo que elimine la necesidad de contener al adulto mayor.

Por último, hay que implicar a las familias en el objetivo de no-contención o contenciones cero, dándole las siguientes recomendaciones: debe estar dispuesto a correr ciertos riesgos controlados, para evitar una CM o quitarla; puede ayudar con más presencia y dando al personal información sobre hábitos y estilo de vida del adulto mayor; hasta el 60% de los cuidadores de un enfermo de Alzheimer padece desórdenes psicosociales (síndrome de burn-out, que en el lenguaje coloquial se conoce como “estar quemado”) y les hace vulnerables a admitir el uso de una CM, como fórmula para evitar las manifestaciones que no pueden controlar de su familiar.

Todas estas actuaciones van encaminadas a recuperar la confianza del familiar en la institución y en dar valor a las necesidades, bienestar y derechos del adulto mayor por encima de la conveniencia y tranquilidad de la familia y la institución.

Consideraciones necesarias antes de la aplicación de una CM. Alternativas:

El uso de una contención mecánica debe ser un recurso excepcional y se recurrirá a él de forma puntual, racional y proporcional, después de haber agotado todas las medidas alternativas a nuestro alcance.

Para establecer de manera individualizada, cuales son las alternativas a una CM, se deben seguir dos fases de actuación: una valoración geriátrica integral del adulto mayor y, posteriormente, un plan de atención individualizado. En ambos casos es necesaria la participación del equipo interdisciplinar, con la implicación importantísima e indispensable del equipo de atención directa o auxiliar.

La Valoración geriátrica integral interdisciplinar consistirá en la evaluación física, psíquica, funcional y social del individuo con deterioro cognitivo o demencia para valorar las alteraciones psicológicas y conductuales que puedan padecer. Se buscarán los factores que provocan las conductas agresivas o de riesgo para tratar de corregirlos precozmente. Se deberán diferenciar los factores predisponentes: déficits sensoriales, consumo de psicótropos, problemas psíquicos, demencia, delirium, alteraciones de la marcha y equilibrio con riesgo de caídas, etc., de los factores desencadenantes: las infecciones, fiebre, dolor, disnea, prurito, retención urinaria, estreñimiento e impactación fecal, en ambos casos causantes del riesgo de accidentes, siniestros y caídas.

El Plan de Atención Individualizado consiste en establecer programas de actuación no farmacológica, de dinamización lúdico-recreativos, de psicoestimulación, de apoyo emocional y afectivo y de fisioterapia, para mejorar el bienestar psicosocial del adulto mayor y minimizar así los riesgos, que puedan plantear la utilización de una CM por parte de la familia o de los propios profesionales. Deben ser intervenciones que: se combinen de la forma menos invasiva posible para el adulto mayor, que se mantengan en el tiempo y que sean compartidas y realizadas por todos los miembros del equipo, con la implicación importantísima del equipo de atención directa o auxiliar.

A la hora de establecer de manera individualizada, las estrategias o alternativas por el equipo interdisciplinar, es necesario un cambio de filosofía de los centros asistenciales (partiendo de la dirección) flexibilizando horarios y tipos de actividades no convencionales o atípicas, pero que pueden ser más efectivas para evitar el uso de la contención en ese usuario. En muchas ocasiones, lo que puede calmar a una persona errática, agitada, e incluso agresiva son actividades tan simples como un plácido paseo al sol, disfrutar en el jardín, dar un paseo por los pasillos o hacer una llamada telefónica por la noche; actividades no convencionales y a las que no se les concede demasiada credibilidad.

Otros factores que se deben tener en cuenta como factores de riesgo y que deben evitarse son: fármacos que por sus interacciones con otros medicamentos o sus efectos adversos puedan ser responsables de conductas anómalas; espacios o barreras arquitectónicas que supongan un peligro para la integridad de los residentes; la no utilización de ayudas técnicas cuando estén indicadas; ritmos de sueño-vigilia demasiado prolongados que hacen que las personas permanezcan encamadas durante largos períodos de tiempo. (4)

Basándonos en los resultados obtenidos por el estudio realizado para la Generalitat de Cataluña, conocido como “Uso racional de las contenciones físicas”, las alternativas más utilizadas para evitar las CCMM son cuatro: la estimulación física, la utilización de butacas ergonómicas, el incremento de los cambios posturales y transferencias y la revisión del estado de salud. (10)

Trabajar para convertir el consentimiento informado en un “no consentimiento informado”

El consentimiento informado es una figura legal que ampara el derecho de información concerniente a la salud y la autonomía del paciente. En el caso de las CCMM exige que el adulto mayor susceptible de ser contenido o, en su defecto, el representante legal o familiar, autorice su uso, después de haber sido informado de: el problema que se quiere solucionar con la CM; el término previsto de uso o fecha de revisión para volver a valorar su continuidad o no; el tipo de contención a utilizar; las alternativas utilizadas con anterioridad y resultados obtenidos; los efectos negativos del uso de las CCMM y el plan de curas para minimizar los efectos secundarios previsibles. (11)

El fisioterapeuta, como parte del equipo interdisciplinar, debe trabajar, junto con todos sus miembros, para convencer a los familiares que una CM es, en principio, un atentado contra la dignidad y la autonomía del adulto mayor y que se deben buscar alternativas a ellas. Por otra parte, hay que hacer incapié en que es preferible asumir ciertos riesgos controlados que limitar sus derechos fundamentales.

En definitiva, dar los argumentos suficientes y necesarios para convertir el “consentimiento informado” en un NO consentimiento informado.

Indicaciones, contraindicaciones y efectos adversos de las CCMM

Actualmente, las CCMM están indicadas para una serie de supuestos, en los que en ningún caso se contempla la prevención de caídas, ya que como ya se trató anteriormente, no existe evidencia científica que lo justifique. Las principales indicaciones son: prevenir conductas que puedan dañar al anciano mayor (autolesiones) o a otras personas; evitar interferencias en su plan terapéutico o de algún compañero; proteger la manipulación de equipos médicos; cuando un residente lo solicita voluntariamente y el facultativo considera que existen criterios clínicos de indicación.

Por otra parte, las CCMM están contraindicadas cuando: no esté indicada, siempre que exista la posibilidad de aplicar abordajes alternativos; si existe orden facultativa expresa de no CM; como castigo o antipatía hacia el paciente; por comodidad o conveniencia del personal o de otros pacientes; si no existe personal suficiente o la situación es peligrosa. (12)

Existe evidencia científica, y es admitida internacionalmente, de que las CCMM son un problema para quienes las utilizan y sus principales efectos adversos (E.A.) se dividen en: E.A. Físicos: úlceras por presión, infecciones, pérdida de estabilidad y equilibrio, incontinencia de esfínteres, problemas circulatorios, pérdida de apetito, estreñimiento y pérdida de tono muscular, atrofia y debilidad; E.A. Psicológicos: estrés, aumento del miedo y el pánico, aumento de la agresividad, sentimientos de vergüenza y/o de humillación, pérdida de autoestima, aislamiento social, apatía, depresión, muerte por asfixia, en casos extremos y sobretodo en la cama. (11)

El papel del fisioterapeuta respecto las CCMM:

El fisioterapeuta, como parte del Equipo interdisciplinar y conjuntamente con los demás técnicos que lo componen, debe realizar la valoración individualizada del caso, desde sus competencias técnicas y utilizando las herramientas propias de su profesión (escala de Tinetti, balance articular, balance muscular, entre otras) y establecer el riesgo potencial del residente a ser susceptible del uso de una CM.

Como parte del Equipo Líder en la prevención del uso de las CCM, debe informar, al usuario o al familiar responsable, de los efectos adversos que supone el uso de una CM, de las alternativas de las que dispone la institución y de forma individualizada en el caso a estudio y trabajar en ellas para evitarla.

Establecer las actividades-alternativas, dentro de sus competencias, junto al equipo interdisciplinar, para evitar el uso de la CM: fisioterapia y rehabilitación de la marcha y el equilibrio; prescripción de las ayudas técnicas para la marcha; valoración y tratamiento de los factores de riesgo de caídas; control del registro de las caídas, estudiando de forma individualizada sus causas y consecuencias; práctica de ejercicio terapéutico adaptado, asistencia a talleres de psicomotricidad, de actividad física adaptada y de circuitos de ejercicios y marcha en el gimnasio para fomentar la autonomía y evitar el riesgo de caída; acompañamiento terapéutico; fomentar los paseos diarios (si es posible en el exterior).

En el caso de que el uso de una CM sea inevitable, debe controlar que la medida aplicada sea lo menos restrictiva posible y durante el menor tiempo posible y vigilar cómo está siendo aplicada, para evitar la aparición de las previsibles complicaciones para su integridad física y mental.

Los principales acciones terapéuticas que debe realizar el fisioterapeuta en el adulto mayor sometido a una CM son: vigilancia del control y registro por parte del personal auxiliar de los cambios posturales cada 2 horas para evitar las úlceras por presión; aplicación de masajes para relajar la musculatura y facilitar la circulación de retorno en extremidades; movilizaciones en extremidades y cuello para evitar las rigideces y la atrofia muscular; estiramientos para flexibilizar la musculatura; ejercicios para ganar fuerza muscular, sobretodo en EEII; en los casos donde el residente mantenga las capacidades de transferèncias y marcha, levantarlos y hacerlos caminar varias veces al día; asesorar al personal auxiliar para que en los traslados dentro de la residencia y en las AVD asistan la marcha en aquellos casos que aún mantienen esta capacidad; hacerles partícipes en talleres de psicomotricidad, de actividad física adaptada o de circuitos de ejercicios y marcha adaptados en el gimnasio; realizar las valoraciones periódicas, dentro de sus competencias, para trabajar en la retirada total o parcial de la CM.

Conclusión: La importancia de trabajar la prevención y de agotar todas las alternativas antes de utilizar una contención en un adulto mayor

Para evitar una CM, debe prevalecer el bienestar físico y emocional del adulto mayor sobre nuestra tranquilidad (profesionales y familia) al pensar que con ella se disminuye el riesgo de caída. Para ello el equipo interdisciplinar debe creer en el concepto de “Contenciones Cero” y trasmitir seguridad a la familia con un plan alternativo e individualizado a las CCMM.

Es importante recordar, que no existe evidencia científica que justifique el uso de una CM para disminuir el riesgo de caídas. En contrapartida, sí existe evidencia de los efectos adversos que conlleva su uso, tanto en el plano físico como psicológico.

Cuando a un adulto mayor se le detecta un aumento de riesgo de caída, se debe valorar cuál es la causa que ha desencadenado esa variación y tratarla precozmente. Es aquí donde el fisioterapeuta debe actuar con un tratamiento individualizado y preventivo, para evitar la CM.

Es importante tener presente que es preferible trabajar para evitar un CM, mediante la prevención y las medidas alternativas, que indicar su uso y después al revisarla, intentar su retirada, ya que entraña mayor dificultad.

En resumen, hemos de ser auto-críticos con las actuaciones a favor de las CCMM,  de las que se han abusado hasta el momento, y poner en marcha programas de menor impacto adverso para el adulto mayor. Con ellos se conseguirán mejores resultados, aunque supongan un mayor esfuerzo para el centro y sus profesionales, y serán más respetuosos con la libertad y la dignidad de las personas.

 

Autora: 

contenciones

Sandra Márquez Rasero.

Fisioterapeuta especializada en Gerontología.

Col. num. 1501

sandramrfisio@gmail.com

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Referencias Bibliográficas:

  1. “CONTENCIONS MECÀNIQUES EN GENT GRAN: RECOMANACIONS D’ÚS DES DE LA PERSPECTIVA ÈTICA”. Document pel grup de Treball del Comitè d’Ètica de Serveis Socials de la Generalitat de Catalunya. 2011. RODRÍGUEZ, J.
  2. “CÓMO SE ELIMINAN LAS SUJECIONES. GUÍA PARA LA ELIMINACIÓN DE SUJECIONES FÍSICAS Y QUÍMICAS EN CENTROS DE ATENCIÓN SOCIOSANITARIA Y DOMICILIOS”. Basada en la Norma Libera-Ger de la Fundación Cuidados Dignos. Adaptado de Rein Tideiksaar, PH. D. President of Fall Prevent, LLC (2005) i Antonio Burgueño, Coordinador del Programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer de CEOMA.
  3. “CONSIDERACIONES ANTE LAS CONTENCIONES FÍSICAS Y/O MECÁNICAS: ASPECTOS ÉTICOS Y LEGALES”. Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona. Comisión Deontológica. Barcelona, noviembre de 2006.
  4. “DOCUMENTO DE CONSENSO SOBRE SUJECIONES MECÁNICAS Y FARMACOLÓGICAS”. Comité Interdisciplinar de Sujeciones. Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. 2014
  5. “ATAR PARA CUIDAR. USO DE SUJECIONES FÍSICAS Y QUÍMICAS EN PERSONAS MAYORES DEPENDIENTES QUE RECIBEN CUIDADOS PROLONGADOS”. Antonio Andrés Burgueño Torijano. 2008
  6. CUADERNOS PRÁCTICOS DEL “MODELO DE ATENCIÓN CENTRADO EN LA PERSONA”. Fundación Matia y el Departamento de Trabajo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco. T. Martínez, P. Díaz-Viega, M. Sancho y P. Rodríguez.
  7. “CONTENCIONES MECÁNICAS EN GERIATRÍA: PROPUESTAS TÉCNICAS Y RECOMENDACIONES DE USO EN EL ÁMBITO SOCIAL”. Rodríguez Delgado, J. Revista Española de Geriatría y Gerontología. 2013
  8. “TOLERANCIA ZERO A LAS SUJECIONES EN ANCIANOS. DIFICIL PERO NO IMPOSIBLE.” 10 argumentos a favor de la tolerancia cero al uso de Sujeciones en Personas Mayores.- Lo aprendido por el Programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer de España.  PUBLICADO EN LA REVISTA “INFORMACIONES PSIQUIÁTRICAS” 2º trimestre 2013 Núm. 212
  9. “FALACIAS SOBRE SUJECIONES (CONTENCIONES) FÍSICAS”. Programa Desatar al Anciano y al Enfermo de Alzheimer. Antonio Andrés Burgueño Torijano
  10. “USO RACIONAL DE LAS CONTENCIONES FÍSICAS” . Estudio de la incidencia del asesoramiento de la inspección de servicios sociales en residencias de personas mayores.  Generalitat de Catalunya. Departamento de Bienestar Social y Familia. 2011
  11. “GUÍA USO DE SUJECIONES FÍSICAS Y QUÍMICAS CON PERSONAS MAYORES Y ENFERMOS DE ALZHEIMER PARA PERSONAS MAYORES Y FAMILIARES” Programa «Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer». Antonio Andrés Burgueño Torijano: Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública. Coordinador del programa «Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer».
  12. 12. “CONTENCIÓN MECÁNICA Y CUIDADOS DE ENFERMERÍA EN ANCIANOS INSTITUCIONALIZADOS”. Henar Mongil Jorrín. 2015

 

 

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